BioEnergía / Aura / Chakras

Tu aura o campo electromagnético refleja tu vibración energética. Todo lo que pasa en esta dimensión física es el resultado de lo que existe en un plano energético.


A través de técnicas energéticas, se movilizan los bloqueos que se encuentran en tu campo bioenergético. y las desarmonías (tanto en el nivel físico, como emocional y mental) son una invitación para trabajar los puntos de energía que llamamos chakras.

 

Cuando existen estos cambios y desarmonías, los centros energéticos se desequilibran más de lo habitual, nublando así la correcta percepción de la realidad a la que podemos aspirar. 
Esto sumado a la idea de que existe una correspondencia entre estos chakras y el subconsciente (niño interior) nos brinda un panorama claro de la importancia de este trabajo de limpieza y armonización.


Aquí compartimos con ustedes la siguiente información sobre los Chakras: 

 

Formación y características de los Chakras

Desde las grandes galaxias hasta cada uno de los átomos, todo gira en el Universo. En inmensos o microscópicos espirales se genera la vida, y dependiendo de la velocidad de giro de estos espirales se crea el mundo material que conocemos.

 


El cuerpo humano también es producto de este proceso y desde lo físico hasta lo etérico, los chakras son la primera puerta con nuestras conciencias energéticas más cercanas.

 

Nuestros chakras son como un hígado o un estómago. Es un órgano que tiene una función, que es acumular archivos mentales. Cada chakra o mente psicológica es un lugar magnético en donde se van acumulando las experiencias de vida. 
Los Chakras son centros receptores y transmisores de conocimiento inscriptos energéticamente en nuestro campo aural.

 

Los Chakras básicos del yo personal son siete, y están enlazados a lo largo de la columna vertebral. Los mismos existen en varias dimensiones corporales y hasta la quinta capa aural. Cada uno de ellos puede tomar un solo tipo de conocimiento y no otro aunque están en permanente contacto entre sí.

 

Asimismo, cada uno está formado por varios espirales, conteniendo así varias sub-zonas. 
Cada uno de los acontecimientos que transcurrieron desde el momento de bajar a la tierra, están inscriptos en las mentes del cuerpo y contenidos en las memorias aurales como un gran archivo.

El acceso a estos archivos se realiza a través de los chakras, siendo éstos los canales de comunicación para llevar la vida diaria.

 

Cuando empezamos a reconocer nuestros archivos psicológicos sabemos donde está parada nuestra personalidad. Si estos archivos están atrapados en ilusiones mentales comienzan a trabarse, a rajarse, a partirse y hacen que creamos filtros para interpretar los mensajes de la realidad y que no podamos resolver ciertas situaciones.

 

Por eso es bueno tenerlos alineados y sanos, ya que esto nos permitirá actuar siempre acertadamente y resolver lo que se nos presente siendo fieles a nuestra naturaleza, desde nuestra verdad profunda.

Primer chakra: enraizamiento.
Estabilidad. Enraizamiento. Sentimiento de ser acogido en el mundo. Conexión con la fuerza y la salud física. Confianza, asentamiento en la vida.

Segundo chakra: placer y centramiento.
Apertura a la sensualidad, la abundancia y la capacidad de disfrutar. El arte de estar centrado en uno mismo y abierto al fluir de la vida.

Tercer chakra: poder y autoestima.
Dejar de manipular buscando el poder en los demás y reconocer nuestra propia identidad, valía, autoestima, poder personal  y auto dependencia.

Cuarto chakra: amor y relaciones.
Sanar al niño herido por desamor y abandono. Recuperar la inocencia, el amor hacia nosotros mismos y abrir nuestro corazón a los demás.

Quinto chakra: expresión y comunicación.
Liberar la expresión. Unificar lo que siento, pienso, digo y hago. Crear la vida que realmente quiero.

Sexto chakra: intuición y aprendizaje.
El arte de conocernos a nosotros mismos, sin juicios. y de aprender de cada circunstancia. Aceptar nuestra “sombra” (miedo, rabia, culpa…) y  transformarla.

Séptimo chakra: espiritualidad.

Reconocernos en unión con el Gran Espíritu del Universo del cual formamos parte. El arte de  reconocer lo extraordinario en lo cotidiano.